
Trump vuelve a ceder ante Putin en la cumbre en Alaska. Trump queda como un líder débil y derrotista. ¿Quién parece más satisfecho del resultado de la cumbre?
Dos días antes de la cumbre en Alaska, esto es el 13 de agosto, según recogió la principal cadena de TV de Estados Unidos, la conservadora FOX NEWS, Donald Trump advirtió al presidente de Rusia que “si Rusia no acede a poner fin a la guerra de Ucrania [en la cumbre de Alaska, el día 15 de agosto] sufrirá ¨consecuencias muy severas¨”. Trump continuaba insistiendo en la relevancia de que Rusia aceptara un ¨alto el fuego¨, para detener la carnicería y ¨congelar¨ de momento las líneas del frente en toda Ucrania, deteniendo los -lentos- avances rusos que se están produciendo.
Oficiosamente, dirigentes de la Casa Blanca habían circulado la posibilidad de que EE.UU. adoptara duras sanciones económicas y comerciales tanto a la propia Rusia como a dos de los países que más petróleo compran a Rusia: Turquía y China. A este tipo de sanciones indirectas -a los compradores del crudo ruso- se las denomina sanciones secundarias. El otro gran comprador de crudo ruso, India, ya había sido sancionado hace unos días con aranceles -adicionales- del 25% a las ventas de todos sus productos a EE.UU., por comprar grandes cantidades de petróleo a Rusia.
Por su parte, los editorialistas del Wall Street Journal (WSJ) habían llamado la atención antes de la cumbre de que “hay una elevada inquietud en Ucrania, Europa y entre los amigos estadounidenses de Ucrania”. Tanto el legado de Donald Trump [como presidente del país, en su segundo mandato] así como la seguridad de Estados Unidos están en buena medida pendientes de dicha cumbre, tanto como el futuro de Ucrania y de la Alianza Atlántica [OTAN]”.
No ha habido en Alaska ningún avance decisivo en pro de la paz en Ucrania
Justo después de la cumbre, todas aquellas expectativas -alimentadas desde la propia Casa Blanca- acerca del carácter decisivo de la cumbre de Alaska y de la amenaza de fuertes sanciones en caso de que Rusia no pusiera fin a la guerra o al menos se aviniera a un alto el fuego inmediato, se han desvanecido como un castillo de naipes al conocerse el resultado del encuentro entre Donald Trump y Vladimir Putin.
No obstante, pocas horas después, se ha sabido que ambos dirigentes han medio diseñado un plan de paz, repleto de incertidumbres y, en conjunto, favorable para Rusia.
El corresponsal en Washington D.C. del principal diario conservador británico, The Telegraph, ha titulado del siguiente modo su crónica posterior a la cumbre:
“Putin y Trump han fracasado en alcanzar un acuerdo de paz en Ucrania. El presidente de EE.UU. declara que las discusiones con la contraparte rusa han sido ¨muy productivas¨ pero que no se ha logrado un acuerdo”.
Los otros detalles que se han ido conociendo sobre cómo ha transcurrido la reunión entre Trump y Putin, así como la rueda de prensa conjunta posterior, refuerzan el bochorno sobre este evento.
Siempre es el presidente de EE.UU. quien inicia la conferencia de prensa al finalizar este tipo de encuentros a alto nivel, pero Trump ha permitido que sea Vladimir Putin quien jugara este papel. Además, las intervenciones de Putin han sido mucho más prolongadas que las del presidente estadounidense. En una ocasión, Trump se ha dirigido a Putin como “el jefe”, lo que resulta inaudito. En definitiva, Trump puso la alfombra roja a Putin en Alaska, realzando con ello su condición de estadista internacional.
El criminal de guerra Putin ha conseguido dejar de ser considerado un paria de la escena internacional
Los editorialistas del Wall Street Journal (WSJ), tras constatar la ausencia de un acuerdo de alto el fuego, afirmaron enseguida que “El dirigente ruso ha obtenido su operación propagandística [internacional, con el encuentro en Alaska], a pesar de no haber realizado ninguna concesión aparente en su cumbre con Trump”. “La noticia sustancial sobre el encuentro es que Putin se niega a finalizar la guerra contra Ucrania”.
Casi todos los grandes medios occidentales han coincidido en que “Putin ha dejado de ser un paria en la escena internacional” gracias a la cumbre de Alaska.
Además, Trump ha abandonado su anterior exigencia de que Putin acepte un alto el fuego, como condición favorable para la difícil negociación de un verdadero acuerdo de paz y, por otro lado, ha dejado de hablar de las sanciones con las que amenazaba a Rusia antes de la cumbre de Alaska.
Sin lugar a dudas quien más ha cedido en aquella cumbre ha sido Trump, no Putin. Naturalmente no es que Trump sea ignorante, pero cree que adulándole con aquellas ¨delicadezas¨ podrá ablandar al líder del Kremlin, pero en esto se equivoca totalmente: sólo la fuerza y unidad occidentales, su apoyo decidido a Ucrania y las amenazas y sanciones podrán hacer que Putin retroceda algún día.
Las noticias posteriores a la cumbre son muy preocupantes aunque comprenden algún elemento positivo
A las pocas horas de finalizar el encuentro en Alaska, Trump se puso en contacto desde el avión presidencial (el Air Force One) con varios de los máximos dirigentes europeos y con el presidente de Ucrania, Zelenksky, filtrándose enseguida más informaciones sobre lo realmente discutido en Alaska entre Trump y Putin.
El diario británico The Telegraph nos cuenta que “una fuente bien informada sobre estas cuestiones ha declarado que ¨Putin de hecho reclama que Ucrania abandone totalmente el Dombás, que está formado por las regiones [administrativas] de Donetsk y Luhansk, en el este del país [en la frontera con Rusia. Ver el mapa de aquí abajo]”. Según la fuente del Telegraph, “Trump está inclinado a asumir” dicha petición de Rusia.
Al parecer, esta cesión supondría cambiar las fronteras exteriores de Ucrania, perdiendo el Dombás.

Dombás es una gran área en el este de Ucrania, que comprende las regiones de Donetsk y Luhansk, cuentan con una elevada población de origen ruso. Situación bélica del 14 de agosto 2025. Fuente: BBC.
El Dombás (escrito en inglés Donbas) comprende las dos regiones administrativas de Donetsk y Luhansk, las cuales disponen de muchos yacimientos de tierras raras, así como de titanio, uranio, etc. También cuenta con yacimientos de gas natural y de petróleo, por cuanto son las zonas de Ucrania con más recursos minerales del país.
Es cierto que la región de Luhansk está casi totalmente contralada en la actualidad por el ejército ruso, así como en torno a las dos terceras partes de la superficie de Donetsk.
Además, en ambas regiones ha existido siempre un considerable porcentaje de población de origen ruso que, en su gran mayoría, desea unirse a Rusia. Pero no es nada buena idea validar en Europa el principio del “derecho a la secesión” de minorías étnicas o lingüísticas.
Otros aspectos territoriales del posible acuerdo de paz
Aparte del asunto del Dombás, que parece comprender la cesión definitiva y formal a Rusia de dicho territorio, existe la impresión de que Trump sería partidario de que se “congelarían” casi todas las demás líneas del frente, esto es, que cada bando continuase controlando los territorios ahora en su poder, pero sin que esto suponga una solución definitiva para dichos terrenos.
Por lo que se sabe en estos momentos, esto es algo parecido a la división de hecho -pero no de derecho internacional- que existe, por ejemplo, en la isla mediterránea de Chipre, donde una mitad está controlada por fuerzas pro turcas y la otra mitad por la comunidad grecochipriota, que es la única reconocida por la comunidad internacional y pertenece a la UE, desde hace medio siglo (1974).
También está trascendiendo a los medios que Trump piensa que para acabar con la guerra Ucrania debería reconocer también la anexión rusa de la península de Crimea, de la que Putin de adueñó militarmente en 2014, pero cuya soberanía no ha sido reconocida por los países occidentales.
Finalmente, se cree que Rusia únicamente tendría que entregar muy pocos territorios de los que actualmente ocupa militarmente.
El contenido positivo de la nueva postura de Donald Trump: la intervención de EE.UU. en el mecanismo de seguridad para Ucrania posterior a un acuerdo de paz
Se ha sabido ahora que el presidente de EE.UU. dio un paso en la buena dirección en Alaska, algo que Putin no desea.
Según The Telegraph, “a cambio [de la entrega del Dombás] el presidente Trump ha ofrecido garantías de seguridad a Ucrania si se alcanza un acuerdo de paz”, algo a lo que se ha venido oponiendo hasta ahora, sistemáticamente. Esto significa que, si en el futuro Rusia volviese a atacar Ucrania, EE.UU. intervendría militarmente sobre el terreno en contra de las tropas y aviones rusos.
Este compromiso, que muchos de los países europeos están también dispuestos a asumir, equivale al mecanismo de “defensa mutua” que aparece en el decisivo artículo 5 del tratado de la OTAN: si un país de la OTAN es atacado, todos los demás miembros están obligados a actuar como si ellos mismos hubiesen sido atacados por el agresor, en este caso Rusia. Hay que recordar que Ucrania no pertenece a la OTAN, aunque desea serlo.
Ahora bien, de la mano de este mecanismo de defensa mutua en favor de Ucrania, se aprecia que el presidente de EE.UU. es partidario de que Ucrania renuncie a su pretensión de ser aceptada en el Tratado de la OTAN. Esta postura resulta bastante comprensible, dadas las circunstancias actuales de esta guerra, aunque algunos países europeos no están conformes con ella.
¿Deben negociarse los asuntos territoriales de este conflicto bélico?
Como recogí más arriba, aunque en Alaska no se llegó a ningún acuerdo definido entre Trump y Putin sobre como debe tratarse la delimitación de las futuras fronteras y de los territorios de facto ocupados por Rusia, el presidente de EE.UU. por primera vez intercambió posibles propuestas sobre este decisivo campo.
A todos nos hubiera resultado muy satisfactorio que en estos momentos las tropas rusas apenas ocuparan territorios pertenecientes a Ucrania, pero la realidad es otra muy diferente. Además, no se vislumbra la posibilidad de que el país agredido -Ucrania- pueda en el futuro llevar a cabo operaciones exitosas para la reconquista de todos sus territorios. Todavía más difícil resulta ahora la reconquista de la península de Crimea, que fue conquistada en 2014, sin que el erróneamente afamado Presidente Barack Obama moviese un dedo para forzar a Rusia a retirarse.
Debe decirse con mucha claridad, Barack Obama se comportó en 2014 de un modo todavía más derrotista y aislacionista que ahora está haciendo Donald Trump. La prensa progre de EE.UU. y de Europa no se lo echó en cara en ningún momento.
Por aquellos motivos, actualmente, en mi opinión resulta inevitable que en los próximos contactos y negociaciones con Rusia se aborde la cuestión del intercambio de territorios ucranianos ocupados para llegar a poner fin a la guerra.
Ahora bien, únicamente el país invadido -Ucrania- puede decir la última palabra sobre estas delicadísimas cuestiones. De no llegarse a un acuerdo, de oponerse Ucrania, la guerra continuará.
EE.UU. ha de endurecer su liderazgo para lograr en Ucrania una paz respetable y duradera aunque realista con las circunstancias existentes en los campos de combate
En definitiva, considero que Donald Trump ha hecho bien en comenzar a debatir estos asuntos, pero todo indica que se está colocando excesivamente en favor de las reclamaciones del país atacante, Rusia, en su ansia de acabar como sea y cuanto antes este conflicto que le está demandando una gran atención.
La experiencia de la inacción de Barack Obama ante la invasión rusa de Crimea y de partes de Donetsk y Luhansk en 2014 indica muy claramente que si el imperialismo de Putin no es adecuadamente castigado y parcialmente derrotado ahora, en unos pocos años, hacia 2030, por ejemplo, volverá a llevar a cabo otra invasión ya sea contra Ucrania, contra Polonia o contra alguno de los tres países bálticos.
La pérdida de parte del territorio de Ucrania es algo doloroso pero inevitable. La alternativa inicial fue la desaparición de Ucrania
Al evaluar hoy en día los asuntos relativos al intercambio de territorios conviene no olvidar que en los comienzos mismos de esta invasión rusa lo que pensábamos casi todos los que escribimos desde lejos es que la victoria de Putin iba a ser muy rápida y completa, esto es, como sucedió en 2014. Creíamos que Putin conseguiría dominar toda Ucrania, desmontar el aparato estatal ucraniano, anexándose todo el territorio, sin apenas oposición.
Parecía que Ucrania iba a dejar de existir como país independiente y soberano. Eso no ha pasado y por ello nos encontramos ante qué hacer cuando Putin no ha alcanzado sus principales objetivos, pero sí que dispone del dominio en amplias zonas del este y del sur de Ucrania.
En consecuencia, todo el esfuerzo, valentía y las pérdidas humanas de Ucrania no han sido en balde. Tampoco los miles de millones de dólares en ayuda militar y de todo tipo que EE.UU. y los países europeos han venido concediendo a Ucrania. La supervivencia de Ucrania como nación soberana y en condiciones de viabilidad -aunque con regiones amputadas bajo Rusia- no estuvo garantizada durante bastante tiempo tras la invasión rusa del 24 de febrero de 2022.
Otros artículos de mi blog sobre estos asuntos:
Francia se prepara para un ataque de Rusia contra Europa antes de 2030. 29 de julio de 2025.
Putin rechaza el alto el fuego de Trump. Las maniobras dilatorias de Putin están dejando en evidencia la falta de capacidad de Trump para llevar a Putin adonde él quiere. Trump está fracasando. 19 de marzo de 2025.
Lo que Trump persigue en Ucrania y lo que Putin realmente desea. ¿Conseguirá Trump separar a Rusia de China? 17 de marzo de 2025.
La traición de Trump a Ucrania y su colaboración con Putin resultan despreciables. Esta infamia desacreditará toda su presidencia, a pesar de los otros muchos aciertos políticos de Trump. 7 de marzo de 2025.
Con la invasión rusa de Ucrania se abre una nueva Guerra Fría en el mundo que Occidente debe ganar. 24 de febrero de 2022.
¿Qué se propone Rusia en Ucrania? El expansionismo ruso. 18 de febrero de 2022.
La respuesta de Europa ante la amenaza de Rusia contra Ucrania está siendo insuficiente y desunida. 9 de febrero de 2022.
Los países democráticos de Europa tienen sobrada capacidad económica y humana para hacerse cargo de la crisis de Ucrania, pero sin un ejército europeo. 22 de febrero de 2022.

Como verá aquí y sabe todo el mundo que no esté sesgado por intereses partidistas o de servicios de inteligencia, el agresor en Ucrania fue USA, en 2014 (como lo ha sido en Siria, vía Israel y Turquía).
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-718X2022000300903
Sí Putin es un criminal de guerra, qué fueron Churchill y Truman? Qué fue Biden? Qué, Obama? Usted sabe mejor que nadie que históricamente Ucrania es Rusia, Imperio Ruso si lo prefiere, el enemigo a batir por los anglos desde el siglo XVIII, The Big Game, ¿recuerda? Ucrania es Texas, y nadie diría nada si el creciente movimiento independentista tejano obligase a los oligarcas de Washington a llegar hasta Austin.
Me gusta leerle porque es transparente en su sesgo propagandista y me ayuda.
Un saludo.
Sr. Segarra: Como se dice con estilo no refinado «a estas alturas de la película» afirmar que EE.UU. fué el agresor contra Rusia, cuando como todo el mundo sabe, el único agresor fue la propia Rusia, mas que erroneo es delirante. Parece que este tipo de disparate le gusta mucho a Vd. No he abierto su enalce porque no me fio de qué «sorpresa» puede activarse. Pensar que porque hace siglos la actual Ucrania formara parte del Imperio Ruso eso autoriza a su héroe Putin a invadirlo ahora, cuando el proceso de descomposición de la URSS y el nacimiento de Ucrania recibió el reconocimiento universal, es puro disparate.
Un saludo,
Gustavo Jaso