
Biden ordena un bombardeo por la muerte de tres soldados. Bagdad protesta por la destrucción de unos almacenes.
Hace unas horas se ha hecho público que, finalmente, las fuerzas armadas de EE.UU. han iniciado la esperada respuesta militar a la muerte de tres soldados estadounidenses en una base fronteriza en Jordania por el ataque mediante un dron llevado a cabo por una de las milicias yihadistas iraquíes armadas y dirigidas desde Teherán, llamada la Resistencia Islámica de Irak.
Seis días han trascurrido desde la muerte de los soldados el 28 de enero y, durante ese largo periodo de tiempo, los comandantes militares de la Administración Biden no han dejado de repetir públicamente que la respuesta de EE.UU. se dirigiría contra los directos responsables de aquel ataque: esto es, la milicia iraquí. Prácticamente, los mandos estadounidenses han avisado a quienes podrían ser atacados -y deberían escapar y esconderse- y quienes podrían permanecer tranquilos. ¡Lo nunca visto!
Desde que la organización terrorista palestina Hamas realizó la masacre de 1.200 israelíes en el sur de Israel el pasado día 7 de octubre, milicias y fuerzas terroristas de Irak, Siria, Yemen y Líbano -todas ellas dirigidas por el régimen iraní- han realizado unos 170 ataques contra las reducidas fuerzas militares de EE.UU. estacionadas en dichos países o en sus inmediaciones. Durante estos 4 meses ningún soldado estadounidense había resultado muerto.
Que la Administración Biden no haya acometido ninguna respuesta militar contra los responsables directos o indirectos de aquellos 170 ataques contra sus tropas en Oriente Medio, a lo largo de 4 meses, ha llamado grandemente la atención en todo el mundo. Tanto los aliados de EE.UU. como sus abiertos enemigos, empezando por Irán, China y Rusia.
No ha habido ninguna víctima iraní ni entre los dirigentes de los grupos terroristas locales
Los dirigentes del Partido Republicano y los comandantes -ya retirados- de varios de los principales aliados de EE.UU., como los británicos, no han dejado de preocuparse en público por las adversas consecuencias de semejante pasividad y debilidad por parte de la Administración Biden.
Hoy, día 3 de febrero, la principal agencia de noticias de EE.UU., Associated Press (AP), ha dado cuenta en detalle de esta primera represalia militar efectuada por EE.UU. Localizaciones atacadas: tres en Irak y cuatro en Siria. Proyectiles de precisión empleados: 125 … bla, bla, bla.
La agencia AP reconocía que “, sin embargo, no está claro si se han producido víctimas mortales entre las milicias” atacadas.
Las horas han pasado y ninguna fuente de Irán (ni de su amigo Catar, como Al Jazeera) ha mencionado víctimas entre los comandantes iraníes sobre el terreno en las instalaciones bombardeadas en Irak y Siria.
Como es bien conocido, la confianza de los militares iraníes en las milicias que arman y dirigen en varios países es limitada, por lo que en todo momento cuentan con decenas de sus “asesores” en las diversas bases y depósitos en Siria, Irak, Líbano, etc.
Entonces, ¿cómo es posible que ninguno de ellos haya caído en los bombardeos de EE.UU. de anoche? Porque habían sido advertidos públicamente desde el Pentágono para que se alejaran de los previsibles objetivos que iban a ser atacados.
Tampoco se tiene constancia de que ningún comandante de las milicias locales haya sido abatido, únicamente soldados de a pie, rank-and-file: 16 personas en Irak y 18 en Siria, según la ONG Syrian Observatory for Human Rights.
Además, al parecer, los terroristas locales han tenido tiempo suficiente para trasladar y salvar el grueso de sus drones, misiles, etc. Se han bombardeado almacenes casi vacios, para aparentar un castigo inexistente.
La escalada no se evita desplegando debilidad frente a los enemigos
La excusa que vienen empleando los dirigentes de la Administración Biden en este asunto es que no desean provocar una escalada militar en Oriente Medio, teniendo en cuenta los conflictos que ya están en marcha: la guerra de Hamas e Israel, los ataques (no provocados) de los terroristas hútis desde la costa del Mar Rojo a los barcos que lo transitan, la cadena de limitados enfrentamientos entre el grupo terrorista Hezbollah desde el sur del Líbano contra Israel, etc.
Pero la verdad es justo la contraria a la aducida por la Administración Biden. Es la ausencia de una actuación suficientemente decidida -aunque bien medida- por parte de EE.UU. lo que está permitiendo que nuevas fuerzas aliadas a Irán se vayan sumando al claro intento de forzar la retirada de todas las fuerzas de EE.UU. de Oriente Medio, que es el propósito del régimen fundamentalista de Irán.
Puede decirse que prácticamente ningún dirigente de Estados Unidos, ni progresistas ni conservadores, buscan un enfrentamiento militar directo con Irán, por ello no hubiera sido apropiado que el contraataque de EE.UU. se hubiera dirigido contra las fuerzas armadas iraníes en territorio de su país.
Algunas de las alternativas que existían al bombardeo-mascarada de ayer
Pero, algo muy diferente es que los bombardeos de ayer hubiesen perseguido causar víctimas entre los “asesores” iraníes presentes en Irak y Siria. Justamente esto es lo que ordenó Donald Trump en enero de 2020, asesinando mediante un dron -nada menos que a- al general Qasem Soleimani, comandante de las fuerzas de élite de la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC), a su llegada al aeropuerto de Bagdad (Irak) y la realidad mostró que el régimen iraní retrocedió, protestó mucho, pero no inició ninguna guerra contra las fuerzas de EE.UU. en la región.
Es de sobra conocido que los servicios de inteligencia de EE.UU. hacen los mayores esfuerzos para estar informados, en cada momento, del paradero de los principales comandantes militares iraníes en sus desplazamientos por la región, como se comprobó en enero de 2020.
El asesinato de varios de los dirigentes locales de la milicia iraquí que había matado as los tres soldados de EE.UU. en Jordania hubiera sido otra posibilidad. Así como la de los jefes de las organizaciones terroristas sirias que actúan bajo el mandato (y la financiación) de Irán y que han organizado muchos de los ataques contra fuerzas estadounidenses durante estos meses.
Otra alternativa habría sido destruir, en suelo iraní, varias refinerías de petróleo que constituyen la mayor fuente de financiación del régimen de Teherán y, concretamente, el principal origen de fondos para las fuerzas terroristas que Teherán mantiene en Yemen, Gaza, Líbano, etc.
Con su vergonzoso bombardeo “políticamente correcto” de ayer, Biden está intensificando gravemente la inestabilidad en esta volátil región del mundo.
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